Cambio 21

Futbol barrial: la historia de un rincón desconocido en el corazón de Villa Luján


23 de noviembre de 2015

Gustavo Rodríguez

Avellaneda tiene una larga lista de clubes barriales, pero hay uno, quizás el más antiguo, que late en el corazón de Sarandí. La historia de un potrero cuyo futuro corre peligro. Para la memoria colectiva del barrio la canchita ubicada en Deheza, entre Lucenas y Lafuente, es un lugar muy importante.

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En Sarandí, Avellaneda, los vecinos tienen costumbres muy particulares vinculadas al origen obrero de sus barrios, una zona históricamente fabril.  

De hecho, entre esos galpones de fábricas y curtiembres existe  una fábrica de cracks ubicada en las entrañas del Barrio Villa Luján. Para los vecinos es un santuario casi secreto del fútbol barrial, que existe hace décadas, aunque en la actualidad, quizás por cuestiones del destino, se encuentra con muchas dificultades para seguir adelante.  

Pero por esa cancha de tierra pasaron varias generaciones del barrio. Por más de tres décadas explotó de gente cada vez que los vecinos organizaban un campeonato.

En la mayoría de las veces, pensado para ayudar a las familias que tenían que atravesar la dolorosa pérdida de un ser querido, o para afrontar la pérdida de todo a causa de una inundación o un incendio.

Para la memoria colectiva del barrio la canchita ubicada en Deheza, entre Lucenas y Lafuente, es un lugar muy importante. Aunque para otros como Ricardo Adrián Centurión, hoy jugando en el Sao Paulo de Brasil, se trata de una pieza clave en su vida, porque después de forjar habilidades y picardías tanto en el potrero o en la liga FADI de Avellaneda, defendió los colores Blanco y Rojo de la categoría 93 del Club Social y Deportivo Sud América.

Luego de un largo período de inferiores escribió su historia en uno de los clubes más grandes de Argentina: el Racing Club de Avellaneda, donde logró el campeonato 2014.

Para los jugadores amateurs de todas las edades que pasan sus días en la canchita ubicada en Deheza al 1000, el potrero es conocido como “Pizarro”.

Se trata del autor de esas líneas marcadas con cal y sostén del lugar: Miguel Pizarro. Un hombre que vio grades promesas del futbol desfilar sin gloria por la humilde cancha. Hoy ya pinta algunas canas y hace todo lo posible para poder seguir adelante con el sueño de muchos chicos del barrio  para que tengan  su potrero en pie.

Tener un sueño, aunque sea por unas horas, de poder ser una de esas grandes estrellas que deslumbran en los campos de juego más importantes del mundo.

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