Cambio 21

Le sacan al radical Fernando Pérez el manejo de las cooperativas


16 de mayo de 2016

Redacción Cambio21

Las áreas relacionadas con Argentina Trabaja pasan a depender de la Secretaría General, a cargo de Tomás Molina. El Secretario de Gobierno cada día con menos poder, tras perder el manejo de una caja de más de 300 millones de pesos.

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La administración de las cooperativas siempre fue un tema espinoso en Quilmes durante la gestión de Francisco Gutiérrez, y parece seguir el mismo camino de la mano de Martiniano Molina. A los conflictos permanentes debido a las obras suspendidas, como en el caso de Azul, La Matera y barrio Mozart, a la salida silenciosa del anterior responsable, David Hoyos (hombre de Eduardo Schiavo), su reemplazo por el dueño de la Confitería Oddone, Guillermo Galetto (amigo personal del intendente), quien dejó la Secretaría Privada para ocuparse del tema desde la Subsecretaría de Gobierno, ahora se le sumó un nuevo capítulo al sainete.
Hasta este lunes, y más allá de los cambios de nombres, el manejo de las cooperativas del Plan Argentina Trabaja estuvo siempre bajo la órbita del doble funcionario (provincial y municipal), el secretario de Gobierno y Derechos Humanos, Fernando Pérez. Sin embargo, hoy apareció de manera imprevista un nuevo jugador: el ex piquetero Leandro Díaz, líder del movimiento social M8, conocido por haber participado por la toma del ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires en diciembre de 2007. La llegada de Díaz, quien se presentó delante de empleados de oficinas municipales como nuevo subsecretario del área relacionada con las cooperativas, marca también el retiro del asunto de Pérez, ya que el nuevo funcionario dijo que dependerá orgánicamente de la Secretaría General a cargo del hermano del intendente, Tomás Molina.

La pelea por los millones
Lo que en la superficie aparece como un nuevo cambio de nombres y enroques de direcciones y subsecretarías, tiene por lo bajo un tema que desvela a la administración del cocinero: el manejo de los fondos que (algún día) llegarán de Nación. En el caso de Argentina Trabaja, la cifra estaría rondando los 300 millones de pesos para obras. Es tanto el celo en el manejo del presupuesto que Molina creó una secretaría específica para el manejo de las obras que lleguen al distrito por medio de planes provinciales y nacionales (la que maneja el hermano Tomás), y centralizó el manejo de proveedores en la Oficina de Compras que depende de Hacienda, en manos del experto en Google y ex responsable financiero de ExpoSustenta, Mariano Martinelli.
Esta centralidad es la que tiene de mal humor a la mayoría de los secretarios, especialmente a los de origen radical, que habían llegado al cargo con grandes expectativas y nostalgia de sus manejos aprendidos durante la administración del ex intendente Fernando Geronés. El enojo de los boina blanca (encabezados por Pérez y el secretario de Cultura Ariel Domene) es que los diseñadores de este esquema de trabajo son otros viejos conocidos de los laberintos de la política local, como la familia Molina, a la cabeza de papá Jorge, recordado por su paso por el gobierno de Camaño en la época de la privatización del servicio de agua y con una notable habilidad para la adquisición de terrenos ribereños.
Por lo bajo, los radicales mastican bronca por ver acotado cada vez más su rol dentro de la administración municipal. Y por el momento no harán público su malestar, pero no habría que sorprenderse que en los próximos días se conozcan nuevos cambios, enroques o renuncias.

El proyecto de Díaz
Ser un proyecto político basado en el individualismo, la popularidad de sus líderes y la penetración despersonalizada lograda a través de las redes sociales, le ha permitido al Pro, y después a Cambiemos, lograr la utopía de desbancar al peronismo en el poder. Sin embargo, esta carencia de sustentabilidad social en el territorio dificulta la tarea de gobernar. La historia de Juan y María, dos vecinos pobres del conurbano, fueron efectivas en la campaña, pero ahora Juan y María demandan respuestas que los CEOS de Cambiemos no saben ni les interesa atender, simplemente porque afecta a un sector social que está fuera de sus planes de gobierno. Sin embargo, como la vida real pasa por fuera del Facebook e Instagram, hay sectores con experiencia en el trabajo barrial que aprovechan esta zona gris del oficialismo para ofrecer su “know how”. Es el caso del nuevo funcionario de Cambiemos, Leandro Díaz, que con su M8 deambuló los últimos años entre el kirchnerismo y las huestes del funcionario nacional de la AFIP, Julio Nieto, para recalar ahora en el macrismo tras su paso como funcionario aduanero. Las bondades de una serie de proyectos de viviendas sociales y su supuesta capacidad de contener a miles de vecinos de barrios periféricos por medio de sus cooperativas fueron suficientes argumentos para convencer a los hermanos Molina de reemplazar a Pérez y los sobrevivientes de Hoyos y Schiavo.  

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