Cambio 21

Para ganar en octubre, ahora Cristina necesita los votos de las listas que desechó en agosto


09 de septiembre de 2017

Redacción Cambio21

La ex presidenta rearma su estrategia para octubre ante en escenario que se presenta desfavorable. El juego de los intendentes y el error de la boleta corta.

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Panorama político

Sarandí. 20 de junio de 2017. El mundo político asiste en una cancha de Arsenal repleta a la presentación de Cristina Fernández de Kirchner, quien todavía no definió si sería o no candidata. En un escenario circular al estilo del impuesto por Durán Barba al Pro, una inédita ex presidenta se muestra abierta al diálogo y con los sentidos más predispuestos a escuchar que a dictar órdenes. Un discurso breve, directo, con la presentación de ciudadanos “de carne y hueso” castigados por la gestión macrista y un final al ritmo del Indio Solari y sin marcha peronista. Al salir del estadio, dirigentes y militantes no ocultaban su sorpresa por el momento político vivido, que a la postre sería la génesis de Unidad Ciudadana.

El asombro también llegó a los intendentes del conurbano, naturalmente escépticos con el kirchnerismo desde la muerte de Néstor, momento en que se quedaron sin un interlocutor de confianza para la construcción política y los acuerdos territoriales. Con Cristina en lo más alto del poder, La Cámpora no se caracterizó justamente por su amplitud y reconocimiento al poder de los caciques del conurbano a la hora del armado de las listas.

Con el kirchnerismo fuera del gobierno, y los intendentes cediendo hasta el sello del PJ, con todo lo simbólico y monetario que esa decisión implicaba, parecía que había llegado el momento para el cambio de paradigma en el armado. Sin embargo, una vez más, la negociación entre el camporismo y los jefes territoriales fueron una remake de la fábula del escorpión y la rana.

El armado de listas de la provincia de Buenos Aires de Unidad Ciudadana repitió el esquema diseñado mientras el kirchnerismo cristinista estaba en el poder: todo para La Cámpora, nada para el resto, con el agregado de los “ciudadanos de carne y hueso”, que ocuparon lugares de relevancia en detrimento de la dirigencia clásica. Que el poder territorial estuviera de un lado y la falta de representatividad en la agrupación de la presidenta fue un dato menor para los armadores cristinistas. El argumento esgrimido desde el Instituto Patria fue siempre el mismo: “los votos son de Cristina”. Esta afirmación fue el núcleo de toda la estrategia electoral de UC: desde negarle la interna a Florencio Randazzo hasta que sólo sean habilitadas por la Junta Electoral del frente las listas apadrinadas por La Cámpora, aunque las mismas carecían de base social y candidatos reconocidos en sus distritos.

La ilusión generada en Sarandí quedó hecha trizas en un par de días. Decenas de listas distritales tuvieron que trajinar una y otra vez por los pasillos de la Junta Electoral partidaria y tener que llegar al extremo de ir a la Justicia para sortear las zancadillas impuestas por los propios “compañeros” que querían impedir la participación de las boletas en las que no formaba parte La Cámpora. Y para aquellos que cometieron la osadía de enfrentar el mandato divino que viene de la Patagonia, finalmente fueron “castigados” a participar sólo con boleta corta.

Una vez más, la soberbia le ganó al sentido común y los resultados estuvieron a la vista. Cristina ganó raspando las elecciones primarias del 13 de agosto. Y más allá del papelón del gobierno nacional intentando demorar el escrutinio para ganar en la tapa de los diarios del lunes posterior pero perder a la semana siguiente, la realidad es que CFK hizo una elección regular. La ex presidenta le ganó a Esteban Bullrich por sólo 20.324 votos. Mientras que las listas “cortas” que fueron descartadas por CFK sumaron en total poco más de 76.000. Genios.

La victoria fue tan estrecha que le permitió a Cambiemos retomar la iniciativa política y mostrarse seguro para vencer en octubre, como lo confirman además todas las encuestadoras y analistas de peso. Para intentar revertir este panorama adverso, Cristina tuvo que volver al esquema de campaña clásico: dejó de lado la campaña de autoayuda con los perjudicados por el gobierno de Macri y Vidal y comenzó a reunirse con los intendentes y a realizar caminatas por sus distritos. Mientras tanto, en off se reiteran las quejas del camporismo por la supuesta falta de compromiso de las listas perdedoras para octubre. “Lo hubieran pensado antes” comentaban por lo bajo en el homenaje a la victoria de Cafiero en 1987. “Desde el primer día les dijimos que con Cristina sola no alcanzaba, pero se volvieron a cerrar en su grupo de incondicionales y así nos fue”, concluye el mismo dirigente.

Las consecuencias de las decisiones de los cerebros del Instituto Patria todavía son impredecibles. Lo que hubiera sido una victoria holgada en la provincia de Buenos Aires, hoy es una posibilidad latente de derrota con el agravante de la ruptura con muchos posibles aliados futuros, que ya perdieron la poca de confianza que quedaba en la mesa chica de la ex presidenta. Por eso no sorprende que mientras se muestran con Cristina para enderezar el camino a octubre, los intendentes ya iniciaron las conversaciones con Massa y los gobernadores pensando en el rearmado con vistas al 2019.

Así es el peronismo. Mientras tanto, Macri sonríe.

Alejandro García

Editor de Cambio 21

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